Pese a estar lejos de su provincia de origen, numerosos residentes salteños protagonizaron por las calles de Caleta Olivia, la procesión anual por el Señor y la Virgen del Milagro.
Esta devoción religiosa alcanza un marco multitudinario en la provincia norteña y su origen se remonta al siglo XVI cuando un obispo, Francisco de Victoria, recibió como donación dos imágenes talladas en tamaño natural, la de un Cristo crucificado y la de una Virgen.
Las mismas habían sido encontradas dentro de dos cajas de madera que flotaban frente al puerto del Callao, en Lima, Perú. Desde allí fueron trasladadas hasta Salta en lomo de mula, cubriéndose una distancia de más de 2.800 kilómetros.
La historia que figura en los libros religiosos señala que en 1692 un fuerte temblor sacudió el norte argentino y la Virgen cayó de un altar pero quedó de pie.
En tanto que la del Cristo fue retirada de la Catedral de Salta para realizar una procesión el 15 de septiembre de ese año y a partir de ese día cesaron los temblores, por lo cual a ambas imágenes se le atribuyen milagros y se constituyen en protectores del pueblo salteño.
La liturgia se fue extendiendo a otros lugares del país como el caso de Caleta Olivia, donde se radicaron muchas familias de la provincia norteña.
Por ello, en la tarde del lunes, decenas de fieles caminaron por las calles de esta ciudad acompañando a las réplicas de las imágenes religiosas desde una capilla ubicada en el barrio Nuevos Pobladores pasando por frente al Gorosito y al Centro de Residentes Salteños.
Junto al grupo se encontraba el párroco Héctor Arismendi quien comentó a medios periodísticos que esta demostración de fe del pueblo salteño se ha contagiado a todas las provincias y por ello también se vive con gran devoción en las de la región patagónica.












